El arándano en medio de un mundo en crisis
El año 2025, entendido más como un punto de inflexión simbólico que como una fecha literal, quedó marcado en la memoria del comercio internacional por una sucesión de anuncios, advertencias y amenazas provenientes de Estados Unidos, encabezadas por Donald Trump, orientadas a elevar aranceles y endurecer las condiciones de acceso a su mercado interno.
Más allá de si algunas de estas medidas se concretaron plenamente o quedaron en el plano discursivo, su sola formulación generó un clima de incertidumbre estructural que impactó de manera directa en los países exportadores de alimentos frescos, particularmente en Sudamérica y, de forma muy visible, en la industria del arándano.
En un mundo altamente globalizado, el anuncio de una política comercial puede ser tan disruptivo como su implementación efectiva.
Las amenazas de incremento arancelario no respondieron únicamente a criterios técnicos de protección industrial o balanza comercial. Se inscribieron en una lógica más amplia de nacionalismo económico, donde el arancel se convierte en un instrumento de presión política, negociación diplomática y mensaje interno al electorado estadounidense.
Vulnerabilidad estructural del arándano sudamericano
El arándano es un producto con tres características que lo hacen especialmente sensible a este tipo de escenarios:
- Alta dependencia del mercado estadounidense. Países como Chile, Perú, México y, en menor medida, Argentina y Uruguay, destinan una parte sustancial de sus exportaciones de arándano fresco a Estados Unidos, especialmente en los meses de otoño e invierno del hemisferio norte.
- Margen ajustado y costos crecientes. El negocio del arándano ya enfrenta presiones por costos laborales, logísticos, energéticos y regulatorios. Un aumento arancelario, incluso moderado, puede transformar una operación rentable en una inviable.
- Producto altamente perecible. A diferencia de commodities almacenables, el arándano no admite esperas largas ni redireccionamientos fáciles. El cierre o encarecimiento de un mercado clave tiene efectos inmediatos sobre precios, condición de fruta y retornos al productor.
Uno de los impactos más profundos de este “año de anuncios y amenazas” no fue necesariamente económico en el corto plazo, sino psicológico y estratégico, debido a que exportadores postergaron inversiones; viveros y programas genéticos ajustaron sus proyecciones; importadores estadounidenses presionaron precios; Bancos y aseguradoras endurecieron condiciones de financiamiento y en la práctica, la incertidumbre se tradujo en cautela, y la cautela en desaceleración.

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Del mercado único a la diversificación forzada
Ante este escenario, muchas empresas sudamericanas comenzaron a acelerar procesos que, hasta entonces, avanzaban lentamente, como la diversificación de mercados, el recambio varietal, nuevas alianzas comerciales e integración vertical, y un mayor foco en mecanización y eficiencia para compensar eventuales pérdidas por mayores costos arancelarios.
Paradójicamente, la amenaza arancelaria actuó como un catalizador de modernización, aunque a un costo alto y desigual entre actores grandes y pequeños.
El episodio dejó en evidencia una realidad incómoda para la agroexportación sudamericana y es que la dependencia excesiva de un solo mercado es un riesgo estratégico. Estados Unidos seguirá siendo, por tamaño y poder adquisitivo, un destino central para el arándano global. Sin embargo, ya no puede considerarse un mercado completamente predecible ni inmune a vaivenes políticos internos.
Más que un año, una advertencia
“Un año de anuncios y amenazas” no fue solo un episodio coyuntural, sino una señal de alerta para toda la agroindustria exportadora. Demostró que el comercio internacional de alimentos frescos ya no depende únicamente de calidad, volumen o eficiencia productiva, sino también de estabilidad política, diplomacia comercial y capacidad de adaptación estratégica.
En el caso del arándano sudamericano, el futuro del sector no se jugará únicamente en la finca, sino también en la diversificación de mercados, la innovación genética, la eficiencia estructural y la inteligencia geopolítica. Porque en un mundo donde los anuncios pesan tanto como los hechos, anticiparse ya no es una ventaja, es una necesidad.
Extracto del artículo “2025: Un año de anuncios y amenazas”, publicado en Revista Blue Magazine 2026