Mario Salazar advierte que la presión logística y el avance de China reordenan el negocio del arándano
En el XXXIX Seminario Internacional de Blueberries, realizado en Lima, la logística fue abordada como una dimensión cada vez más determinante para la competitividad exportadora. En la industria del arándano, donde el tiempo de tránsito, la condición de arribo y la oportunidad comercial impactan directamente en el retorno, la eficiencia operativa dejó de ser solo un tema de costo para convertirse en un componente estratégico de la cadena.
En ese marco, Mario Salazar, presidente de Agrícola Chavín, director de la Asociación Civil Frío Aéreo y presidente del Comité de Agroindustrias y Bebidas de ADEX, conversó con Blueberries Consulting y analizó los principales factores que hoy condicionan el negocio: aumento de fletes, vulnerabilidad de las rutas, necesidad de anticipación logística, presión competitiva desde China y desafíos de innovación para ampliar la base productiva del agro peruano.
—Mario, en esta coyuntura internacional la logística aparece como un tema especialmente sensible para la exportación. ¿Cómo lo estás observando hoy?
Es un tema muy relevante. En Perú muchas veces se destaca la condición de hub por la existencia de puertos como Chancay, Callao o Paita, pero el punto no está solo en la infraestructura portuaria como tal, sino en la capacidad real de esa red para sostener una operación eficiente, predecible y competitiva.
Hoy el principal desafío logístico no pasa únicamente por contar con puertos, sino por cómo se comporta toda la cadena en un escenario internacional más incierto. En fruta fresca, y particularmente en arándano, ese contexto es especialmente delicado porque cualquier alteración en costos, tiempos o rutas puede afectar directamente el resultado comercial.
—¿Cuáles son hoy los factores que más están presionando esa cadena?
Uno de los primeros factores es el alza de los fletes. Hace poco, por ejemplo, nos informaron aumentos de alrededor de US$500 sobre valores habituales, asociados al comportamiento del petróleo. Ese es un primer componente que incide directamente en la estructura de costos.
El segundo factor es la inestabilidad de las rutas. Un embarque de fruta fresca como el arándano puede enfrentar demoras por cierres de pasos estratégicos, tensiones geopolíticas, congestión portuaria o desvíos operativos. Y eso tiene consecuencias muy concretas: el producto puede llegar más tarde, con menor condición o en una ventana comercial menos favorable.
—En ese escenario, ¿por qué la logística deja de ser un tema operativo y pasa a ser estratégica?
Porque en una industria como la del arándano no basta con producir volumen ni con producir bien en origen. Hoy también es necesario asegurar que esa fruta llegue al mercado correcto, en el momento correcto y bajo condiciones adecuadas.
Cuando la logística falla, lo que se compromete no es solo una operación, sino el valor comercial del producto. Si la fruta llega tarde, puede enfrentar precios más bajos; si llega con deterioro, pierde competitividad. Por eso, la logística debe entenderse como una herramienta para resguardar valor, no solo como un costo de traslado.

Mario Salazar en el XXXIX Seminario Internacional Blueberries Lima 2026
—¿Qué decisiones deberían comenzar a priorizar los exportadores?
Yo diría que lo primero es poner más atención en las rutas efectivas. Durante mucho tiempo se trabajó con referencias relativamente estables, como llegar a China en 20 días o a Europa en 25. Hoy ya no basta con proyectar esos plazos teóricos; hay que evaluar qué tan cumplibles son bajo las condiciones actuales.
Eso exige mirar con más detalle por dónde están transitando las naves, cuáles son las frecuencias disponibles, qué riesgos presenta cada ruta y qué alternativas existen si se produce una desviación. En el negocio del arándano, esa lectura anticipada puede hacer una diferencia importante.
—¿La gestión de contingencias pasa entonces a ser parte central de la planificación?
Exactamente. Si una nave se desvía, no basta con saber que hubo un cambio de ruta. También hay que entender hacia qué puerto se redireccionó la carga y si existen opciones comerciales o logísticas para reubicarla de manera eficiente.
Ese tipo de decisiones exige preparación, información y capacidad de reacción. En un contexto volátil, la logística del arándano necesita cada vez más gestión preventiva y menos decisiones tomadas sobre supuestos estáticos.
—China ha sido un mercado muy relevante para Perú. ¿Cómo interpretas su evolución reciente en el negocio del arándano?
China sigue siendo un mercado enorme, pero también es un actor que aprende rápido, escala con velocidad y transforma oportunidades en capacidad competitiva. Eso ya se ha visto en otros productos y hoy se empieza a reflejar también en el arándano.
Perú exportó volúmenes muy importantes a China, pero esa dinámica comienza a cambiar porque ellos mismos son hoy los mayores productores de arándano del mundo. Eso modifica la relación comercial, porque ya no estamos hablando solo de un gran comprador, sino también de un competidor de gran escala.
—¿Esa presión competitiva se limita al mercado chino?
No, y ese es justamente uno de los puntos más relevantes. China no solo cubre cada vez más su mercado interno, sino que también proyecta su oferta hacia otros destinos de Asia, como Tailandia, Indonesia, Malasia, Corea o Japón, que también son mercados de interés para Perú.
En otras palabras, la competencia se amplía territorialmente. Por eso, el desafío no es solo mantener presencia en China, sino fortalecer la posición del arándano peruano frente a una competencia regional más intensa.

Mario Salazar en el XXXIX Seminario Internacional Blueberries Lima 2026
—¿Cómo debería responder Perú a ese escenario?
Lo primero es no mirar la competencia con temor, sino con realismo estratégico. Perú tiene fortalezas concretas y debe trabajar sobre ellas. Una de ellas es la velocidad productiva: en condiciones adecuadas, Perú puede entrar en producción en plazos más breves que otros países, lo que representa una ventaja relevante.
A eso se suman factores como el clima, ciertas condiciones naturales favorables y una estabilidad económica relativa frente a otros competidores regionales. Si esas fortalezas se articularan además con mayor estabilidad política, la posición competitiva del país sería todavía más sólida para la industria del arándano.
—En ese contexto, ¿qué espacio ves para pequeños productores dentro del agro peruano?
En arándano, el ingreso no es simple, porque estamos hablando de un cultivo con una inversión alta, que puede moverse entre US$80.000 y US$100.000 por hectárea. Por eso ha sido un negocio más vinculado a empresas medianas y grandes.
Sin embargo, eso no significa que no existan alternativas para una agricultura de menor escala. Yo creo que el futuro del agro peruano puede abrir oportunidades distintas, especialmente en la sierra, a partir de sistemas más intensivos en tecnología y no necesariamente en superficie.
—¿Te refieres a un modelo apoyado en invernaderos?
Sí. Los invernaderos pueden ser una herramienta muy potente porque permiten usar menos agua, reducir exposición a eventos climáticos y mejorar el control agronómico. Pero además hoy pueden integrar tecnologías mucho más avanzadas para manejar variables clave del cultivo.
Eso incluye control de luz, humedad, nutrición y otros parámetros, incluso con apoyo de inteligencia artificial. En ese sentido, más que pensar únicamente en mecanización tradicional, deberíamos avanzar hacia una agricultura más tecnológica, donde incluso pequeños productores puedan operar con mayor precisión y eficiencia.
—¿Ese enfoque podría redefinir el desarrollo agrícola del país?
Yo creo que sí. Durante mucho tiempo la idea de modernización agrícola estuvo asociada al tractor o al riego tecnificado. Hoy esa visión se amplía: la tecnología también significa automatización, monitoreo inteligente y capacidad de tomar decisiones con más información.
En esa transición, el reto no es solo producir más, sino producir mejor y de manera más controlada. Para el agro peruano, y eventualmente también para segmentos vinculados al arándano, ese puede ser un camino importante de desarrollo futuro.

Mario Salazar en el panel “Cómo la eficiencia logística redefine el éxito comercial agroexportador: desafíos y oportunidades” del XXXIX Seminario Internacional Blueberries Lima 2026,
—Para cerrar, ¿qué valor le atribuyes a instancias como este seminario para la industria?
Tienen mucho valor, porque permiten contrastar experiencias, actualizar información y conversar directamente con actores que están enfrentando problemas similares en distintos puntos de la cadena. En una actividad tan dinámica como la del arándano, ese intercambio es muy útil.
Muchas veces uno está concentrado en la operación diaria, en el campo o en la oficina, pero estos espacios permiten tomar distancia, entender mejor el contexto y capturar aprendizajes aplicables. Ese ejercicio de actualización permanente es parte de lo que hoy necesita la industria.
En el XXXIX Seminario Internacional Blueberries Lima 2026, Mario Salazar fue parte del panel “Cómo la eficiencia logística redefine el éxito comercial agroexportador: desafíos y oportunidades”, una instancia orientada a vincular decisiones logísticas con desempeño comercial en destino. Su participación permitió reforzar una idea central para la industria: en el negocio del arándano, la competitividad ya no depende solo de producir bien, sino también de responder con agilidad a rutas inestables, mayores costos y una competencia internacional cada vez más intensa.
Para conocer la agenda de seminarios 2026: Seminarios Internacionales Blueberries 2026: el arándano recorre Perú, Chile, México, Marruecos y China
Revisa la entrevista completa en nuestro canal de Youtube Blueberries TV
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