Productividad en foco

Marruecos, nuevo estándar de productividad en la industria global del arándano

Marruecos representa hoy un cambio de paradigma en la industria del arándano. Mientras muchos países compiten por volumen total o por ampliar superficie, el modelo marroquí demuestra que el liderazgo futuro estará definido por la eficiencia productiva.

Cuando se analiza la industria mundial del arándano desde una perspectiva estrictamente productiva, cruzando la superficie efectivamente en producción con las toneladas cosechadas, Marruecos se consolida como uno de los sistemas más eficientes del mundo. Los datos recientes de plantación y producción no solo confirman su crecimiento sostenido, sino que revelan un fenómeno más profundo: el país norafricano ha logrado desacoplar expansión de superficie y aumento de volumen, basando su competitividad en la productividad por hectárea.

De acuerdo con las métricas de la campaña 2024, Marruecos registra 4.829 hectáreas plantadas, de las cuales 3.910 se encuentran efectivamente en producción. Sobre esa base, la producción total alcanzó las 71.073 toneladas, lo que se traduce en un rendimiento promedio de 18.348 kg por hectárea. Este nivel de productividad posiciona a Marruecos por encima de sus principales competidores internacionales.

Para poner esta cifra en contexto, los grandes actores del hemisferio sur —como Perú, Chile y México— presentan rendimientos promedio significativamente más bajos cuando se consideran medias nacionales. En Perú, si bien existen zonas altamente productivas, la expansión acelerada de superficie ha generado un promedio más heterogéneo. Chile, por su parte, enfrenta una productividad estructuralmente limitada por la antigüedad varietal, el estrés hídrico y el envejecimiento de los huertos. España, aunque competitiva en ventanas tempranas, opera con rendimientos más moderados y fuertes restricciones territoriales.

La evolución de las hectáreas cultivadas muestra con claridad que Marruecos ha incrementado su superficie de forma gradual y ordenada, evitando crecimientos explosivos que suelen penalizar la productividad promedio. Paralelamente, la curva de producción crece a un ritmo mayor que la expansión de hectáreas, lo que confirma que el aumento de volumen proviene principalmente de mejoras en rendimiento y no solo de nuevas plantaciones.

Este punto se refuerza al observar el desglose del crecimiento productivo: del aumento total de volumen registrado en la última campaña (+15,68 mil toneladas), cerca del 90 % se explica por mejoras en rendimiento (yield), mientras que solo una fracción menor responde a nuevas hectáreas que entran en producción. Este dato es clave, porque revela una industria que madura en eficiencia, no simplemente en extensión.

Desde el punto de vista agronómico, esta productividad excepcional responde a varios factores convergentes. En primer lugar, el modelo marroquí se basa en sistemas altamente tecnificados, con riego por goteo de precisión, manejo controlado del entorno radicular y una adopción creciente de cultivo en sustratos. En un contexto de estrés hídrico estructural, Marruecos ha convertido la eficiencia del agua en una ventaja competitiva directa.

En segundo término, la genética juega un rol central. La industria marroquí ha incorporado variedades modernas, orientadas a altos rendimientos, precocidad y calidad postcosecha, adaptadas específicamente a su ventana comercial y a sistemas intensivos. Esto contrasta con otros países donde la renovación varietal avanza de forma más lenta o fragmentada.

A ello se suma un factor logístico determinante: la cercanía al mercado europeo. La posibilidad de cosechar fruta madura y entregarla en destino en pocas horas reduce pérdidas, mejora retornos y permite maximizar el valor de cada kilo producido. Este elemento, aunque externo al campo, retroalimenta la productividad económica del sistema.

Mientras muchos países buscan crecer a través de más hectáreas, el caso marroquí demuestra que el verdadero liderazgo estará marcado por la eficiencia productiva: más kilos por hectárea, con menor presión sobre los recursos y mayor estabilidad comercial.

No obstante, este liderazgo también plantea desafíos. Sostener rendimientos superiores a 18 toneladas por hectárea en un escenario de cambio climático exigirá profundizar las políticas de gestión hídrica, la innovación tecnológica y el control ambiental. La productividad alcanzada no es un punto de llegada, sino un estándar que deberá defenderse campaña tras campaña.

En síntesis, Marruecos no solo ha consolidado su posición como actor clave del arándano global, sino que se ha transformado en el referente productivo de la industria. En un contexto de crecientes restricciones de agua, suelo y costos, el caso marroquí anticipa el rumbo que probablemente seguirá el arándano mundial: menos expansión territorial y más inteligencia productiva.

Fuente
BlueBerries Consulting

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