La industria global del arándano rumbo a los 3,5 millones de toneladas
Durante la última década, el arándano pasó de ser un cultivo de nicho a consolidarse como una de las frutas frescas más dinámicas del comercio internacional. El tránsito desde el primer millón de toneladas hasta los actuales más de dos millones fue vertiginoso, incluso en un contexto marcado por pandemias, conflictos geopolíticos, crisis logísticas, presión sobre los costos, escasez de mano de obra y creciente incertidumbre climática. Hoy, la industria ya no discute si crecer, sino cómo gestionar un crecimiento estructuralmente más complejo.
De la expansión al equilibrio
Entre 2015 y 2025, la lógica dominante fue la expansión acelerada de superficie, nuevos orígenes productivos y una fuerte inyección de capital. Sin embargo, el período 2024–2025 marcó un punto de inflexión: el denominado “Renacimiento Azul” evidenció que el mercado había alcanzado un nivel de sofisticación donde el volumen sin calidad dejó de tener valor comercial.
El sector ingresó en una fase de madurez económica, caracterizada por una mayor segmentación del mercado, exigencias crecientes de consistencia y una clara separación entre fruta premium y fruta destinada a procesamiento. La meta de 3,5 millones de toneladas hacia 2030, por tanto, no será compatible con modelos productivos ineficientes, genética obsoleta o infraestructuras precarias.
El riesgo de la erosión de valor
Uno de los principales desafíos será preservar los precios en un escenario de mayor oferta. Hasta ahora, el arándano ha sido una excepción dentro del mundo frutícola, con precios históricamente altos, incluso en contextos de fuerte crecimiento productivo. Esto ha sido posible gracias a una demanda global que ha crecido más rápido que la oferta.
Hacia 2030, ese equilibrio será más frágil. La superposición de ventanas comerciales, la entrada de nuevos competidores y la maduración de mercados tradicionales obligarán a una gestión extremadamente precisa del calendario productivo, la calidad y la diferenciación. En este nuevo escenario, la fruta inconsistente simplemente quedará fuera del sistema, independientemente de su precio.
Un mapa productivo en transformación
América seguirá siendo un pilar central, aunque su participación relativa ya cayó por debajo del 50% del volumen mundial. Perú se mantiene como el gran actor dominante, gracias a su estrategia de “curva aplanada”, que ha permitido distribuir la oferta durante gran parte del año y estabilizar precios. Su desafío será sostener este liderazgo bajo crecientes presiones hídricas, sociales y ambientales.
Chile enfrenta un proceso más complejo, con huertos envejecidos y dificultades para competir en costo y calidad, mientras que México deberá mejorar su eficiencia productiva y reducir su alta dependencia del mercado estadounidense. Estados Unidos, por su parte, mantendrá una producción estable, con crecimiento más vinculado a la premiumización, lo orgánico y el consumo interno.
Europa seguirá siendo uno de los grandes motores del consumo global, pero con serias restricciones para expandir su producción local debido a regulaciones ambientales, altos costos laborales y limitaciones de recursos. Esto refuerza su dependencia estructural de proveedores externos, especialmente en contra estación.
África y Asia: los nuevos motores del crecimiento
África emerge como la nueva frontera del crecimiento global. En solo una década, la superficie plantada en el continente creció más de 370%, con Marruecos como caso paradigmático. Sus altos rendimientos, cercanía a Europa, logística eficiente y rápida adopción de genética avanzada lo posicionan como uno de los actores más influyentes del próximo ciclo.
A su alrededor, países como Zimbabue, Zambia, Kenia y Namibia representan la nueva ola africana. Su ventaja radica en disponibilidad de tierra, costos laborales competitivos y ventanas comerciales atractivas, aunque el desafío será crecer con planificación hídrica, infraestructura y estrategia de mercado.
Asia, y especialmente China, jugará un rol clave tanto como productor como consumidor. El mercado asiático será fundamental para absorber el crecimiento hacia 2030, pero exigirá altos estándares de calidad, logística eficiente y marcas reconocibles.
Infraestructura, tecnología y clima: los cuellos de botella críticos
El crecimiento hacia 3,5 millones de toneladas pondrá una enorme presión sobre la infraestructura logística global. El arándano, altamente perecedero, depende de una cadena de frío impecable, conectividad eficiente y sistemas de postcosecha avanzados. Países que no inviertan rápidamente en estos aspectos verán limitado su potencial.
El cambio climático, lejos de ser solo una amenaza, está redefiniendo la geografía productiva. Nuevas zonas de altura, regiones con climas templados y modelos agronómicos avanzados están permitiendo adaptaciones exitosas, como lo demuestran Perú y varios países africanos.
Genética, tecnología e inteligencia artificial
La genética es el verdadero motor del crecimiento sostenible. Las nuevas variedades de bajo requerimiento de frío, mayor firmeza, mejor sabor y vida postcosecha extendida han sido claves para el salto productivo global. Hoy, la renovación varietal no es una opción, sino una condición de supervivencia.
Paralelamente, la industria avanza hacia un modelo intensivo en datos. La inteligencia artificial, la automatización, los sensores de campo, los clasificadores ópticos y la robótica de cosecha están transformando al arándano en una de las frutas más tecnificadas del mundo. El “huerto inteligente” ya es una realidad emergente.
El consumidor como eje del sistema
Finalmente, el consumidor ha cambiado. En mercados maduros, el arándano es un snack cotidiano, pero las expectativas son más altas: sabor, textura, tamaño, trazabilidad, sostenibilidad y responsabilidad social. El crecimiento futuro dependerá de ofrecer no solo volumen, sino experiencias de consumo consistentes y confiables.
Superar los 3,5 millones de toneladas hacia 2030 no será simplemente un logro estadístico. Será una prueba de madurez para una industria que ha pasado de la expansión desordenada a la gestión sofisticada de una cadena global compleja. El éxito dependerá de equilibrar crecimiento, calidad, sostenibilidad, rentabilidad y resiliencia.
El arándano ya no es solo una fruta. Es un sistema global
* Esta nota es un extracto de un reportaje que será publicado en la Revista Blue Magazine, en su edición de marzo.
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