El Niño 2026: la prueba de madurez del arándano peruano
La agroindustria peruana del arándano, hoy consolidada como el principal exportador mundial, enfrenta un nuevo escenario de alta exigencia. Tras varias campañas marcadas por la volatilidad climática, la temporada 2026-2027 se inicia bajo la amenaza del Fenómeno de El Niño. Con la persistencia de alertas de El Niño Costero por parte de la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) y con un reporte de la NOAA que asigna un 61% de probabilidad al desarrollo de un evento global, el sector se mueve entre la cautela comercial y una mayor exigencia técnica.
El escenario no es nuevo, pero las condiciones del invierno de 2026 podrían traer temperaturas inusualmente altas a lo largo de la costa peruana. Según los informes de riesgo agroclimático del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), los niveles de alerta para cultivos de exportación se mantienen entre moderados y altos. En ese contexto, el arándano aparece entre los cultivos más sensibles, dado que su fisiología depende en buena medida de la acumulación de horas frío para una floración y brotación adecuadas.
Prudencia en el mercado: el giro de Proarándanos
A diferencia de otras temporadas, en las que los gremios agrícolas solían entregar proyecciones anuales con varios meses de anticipación, la volatilidad atmosférica actual ha llevado a modificar esa práctica. La Asociación de Productores y Exportadores de Arándanos del Perú (Proarándanos) ha optado por una postura más cauta y, en lugar de entregar un pronóstico cerrado para toda la campaña 2026-2027, ha decidido trabajar con proyecciones de corto plazo.
Bajo ese enfoque, el gremio estima que Perú exportará aproximadamente 56 millones de kilos de arándanos frescos hasta la semana 33, es decir, hasta mediados de agosto. La cifra preliminar representa un incremento cercano al 40% respecto del arranque de la campaña anterior, que estuvo fuertemente condicionada por los efectos residuales de eventos climáticos previos. Sin embargo, los despachos seguirán bajo monitoreo permanente semana a semana. La decisión busca reducir la exposición a escenarios inciertos y preservar la capacidad de cumplimiento del país frente a los mercados internacionales.
El recambio varietal como respuesta técnica
Pese a las alertas climáticas, el contexto actual no es el mismo que el del período 2023-2024. En esa etapa, el impacto térmico sorprendió a extensos valles productivos dominados por la variedad Ventura, que bajo condiciones cálidas tendió a frenar su floración y a privilegiar el crecimiento vegetativo. Ese episodio aceleró un proceso de reconversión varietal que hoy aparece como una de las principales respuestas del sector frente al nuevo escenario.
En regiones como La Libertad, Lambayeque y Olmos, así como en Ica, muchas plantaciones antiguas han sido reemplazadas por materiales de menor requerimiento de frío. Estas nuevas variedades, conocidas como zero chill o de bajo requerimiento de horas frío, muestran una mejor respuesta frente al estrés térmico y ofrecen una base productiva más flexible para campañas marcadas por inviernos cálidos.

Los asesores técnicos del sector observan que, frente a los días más cálidos del actual invierno, estos nuevos materiales están mostrando una mayor capacidad para sostener productividad y firmeza de fruta. En ese sentido, el recambio varietal aparece hoy como una herramienta central de adaptación frente al cambio climático.
Sanidad y manejo: la otra presión del clima
La nueva genética, sin embargo, no resuelve por sí sola todos los riesgos. Las temperaturas elevadas durante el invierno también incrementan la humedad relativa en varios valles costeros, generando condiciones más favorables para la proliferación de enfermedades y plagas como oídio, Botrytis, trips y ácaros.
En zonas como Olmos y Trujillo, el trabajo técnico en campo se ha intensificado. El manejo actual exige podas orientadas a mejorar la ventilación de la planta, un control más fino del riego para evitar problemas radiculares y programas nutricionales y bioestimulantes destinados a reforzar la respuesta fisiológica del cultivo. A ello se suman planes de contingencia logística para resguardar la salida de fruta y la continuidad de la cadena de frío ante posibles lluvias atípicas o interrupciones en la infraestructura vial.
Un impacto que trasciende al campo
La incertidumbre que hoy enfrenta el sector productivo peruano también se proyecta sobre los mercados internacionales. Al ser Perú el principal proveedor global de arándanos, cualquier alteración en su curva de producción repercute en los precios, en la disponibilidad y en la planificación de los principales compradores de Estados Unidos, Canadá, Europa y China.
En ese escenario, la campaña 2026 podría volver a poner el foco en el valor comercial más que en el volumen puro. Si las anomalías térmicas restringen la oferta hacia el último trimestre del año o concentran los envíos en ventanas más estrechas, el mercado podría responder con alzas de precios y con nuevas oportunidades temporales para otros orígenes de la región, como Chile o México. Aun así, Perú buscará sostener la regularidad de sus despachos gracias a su diversificación geográfica interna y a la amplitud de su base productiva.
Una campaña para medir la madurez del sector
La temporada 2026-2027 aparece así como una prueba importante para la industria peruana del arándano. La combinación de riesgo climático, respuesta técnica y prudencia comercial mostrará hasta qué punto el sector ha fortalecido su capacidad de adaptación.
Más que una campaña cualquiera, el ciclo 2026-2027 puede convertirse en un termómetro de madurez para una industria que ya no solo debe demostrar capacidad para crecer en condiciones favorables, sino también para sostener su liderazgo en un escenario de mayor incertidumbre climática.
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