Nutrición con evidencia

Juan Hirzel: «Las nuevas variedades de arándanos exigen una nutrición de precisión»

Especialista chileno advierte que las nuevas variedades requieren estrategias nutricionales específicas y un uso más riguroso de los bioestimulantes

Durante el Seminario Internacional Blueberries Trujillo 2026, el investigador chileno Juan Hirzel dejó un mensaje claro para los productores de arándanos: la nutrición vegetal no puede seguir manejándose bajo criterios generales. En su charla «Diagnóstico nutricional y bioestimulación en nuevas variedades de arándanos: ¿Estamos haciendo lo correcto?», sostuvo que muchas de las prácticas utilizadas actualmente en la industria peruana necesitan ser replanteadas para responder a las exigencias de las nuevas genéticas y a una producción cada vez más eficiente.

Según Hirzel, uno de los errores más frecuentes que observa en los campos peruanos es que todas las variedades reciben prácticamente el mismo manejo nutricional, ignorando que cada una posee características genéticas diferentes que determinan su comportamiento fisiológico, su capacidad de absorción de nutrientes y su respuesta productiva.

«La genética genera grandes diferencias. No podemos manejar todas las variedades exactamente igual», enfatizó.

Cada variedad necesita su propio estándar nutricional

El especialista explicó que los programas de fertilización deben construirse sobre información científica obtenida específicamente para cada variedad, considerando además el sistema de cultivo —suelo o macetas— y las condiciones climáticas donde se desarrolla el cultivo.

Para ello describió tres metodologías utilizadas internacionalmente para establecer estándares nutricionales.

Juan Hirzel, en el Seminario Internacional Blueberries Trujillo 2026. © Blueberries Consulting

La primera corresponde a ensayos de campo con dosis crecientes de nutrientes durante varias temporadas, considerados el método más preciso para determinar las concentraciones que permiten maximizar rendimiento y calidad.

La segunda consiste en desarrollar estándares mediante el análisis estadístico de poblaciones productivas que hayan demostrado altos rendimientos y buena calidad durante varios años consecutivos.

Finalmente mencionó el método basado únicamente en observaciones de campo, ampliamente utilizado por empresas comerciales. Aunque puede entregar información útil, advirtió que posee un menor respaldo científico y no resulta suficiente para definir programas nutricionales de alta precisión.

Para Hirzel, Perú cuenta con una enorme cantidad de información generada por análisis foliares y monitoreos, pero gran parte de esos datos no está siendo aprovechada para construir referencias confiables de manejo.

Juan Hirzel, en el Seminario Internacional Blueberries Trujillo 2026. © Blueberries Consulting

Copiar recetas nutricionales puede resultar costoso

Otro de los aspectos que cuestionó fue la costumbre de replicar soluciones nutritivas desarrolladas para otras zonas productivas sin analizar previamente las características del agua de riego, del suelo o del sustrato.

Explicó que existen situaciones donde el agua ya aporta cantidades importantes de calcio y otros nutrientes, por lo que continuar agregándolos mediante fertilización no solo representa un gasto innecesario, sino que puede generar desequilibrios nutricionales.

Incluso señaló que un exceso de calcio puede disminuir la disponibilidad de hierro, afectando directamente la actividad fotosintética y reduciendo el potencial productivo de la planta.

«Copiar programas de fertilización sin conocer las condiciones particulares del campo es un error frecuente», indicó.

También destacó la importancia de calcular la extracción real de nutrientes por hectárea. Mostró estudios donde variedades modernas de arándanos producen alrededor de 20 toneladas por hectárea consumiendo cantidades significativamente menores de nitrógeno de las que habitualmente aplican muchos productores.

Esta información permite diseñar programas de fertilización mucho más eficientes, reducir costos y disminuir pérdidas de nutrientes por lixiviación.


Los bioestimulantes funcionan, pero deben elegirse correctamente

La segunda parte de la conferencia estuvo dedicada al uso de bioestimulantes, un segmento que ha crecido de forma importante en la agricultura moderna.

Hirzel explicó que estos productos actúan activando procesos metabólicos y mecanismos de defensa de la planta, permitiéndole enfrentar mejor distintas condiciones de estrés o estimular determinados procesos fisiológicos.

Sin embargo, insistió en que ningún bioestimulante debe utilizarse únicamente por recomendaciones comerciales.

Presentó una clasificación que agrupa estos productos en dos grandes categorías: los de origen microbiano, como bacterias benéficas y hongos formadores de micorrizas, y los no microbianos, donde se incluyen extractos de algas, aminoácidos, péptidos, ácidos húmicos, quitosanos y otros compuestos orgánicos.

A través de diversos ensayos experimentales mostró que distintos extractos de algas aumentan la capacidad metabólica de las plantas al incrementar su contenido de agua libre, aunque ese efecto no necesariamente se traduce en mayor producción cuando las plantas crecen bajo condiciones sin estrés.

Asimismo, presentó resultados obtenidos con aplicaciones de aminoácidos, capaces de incrementar el contenido de azúcares en los frutos. No obstante, advirtió que también reducen la acidez, lo que puede perjudicar la vida poscosecha si el objetivo es exportar fruta de larga conservación.

«Todos los productos pueden ser buenos, siempre que se utilicen para resolver el problema adecuado», señaló.

Juan Hirzel, en el Seminario Internacional Blueberries Trujillo 2026. © Blueberries Consulting

 

El silicio y los microorganismos muestran resultados prometedores

Entre los bioestimulantes evaluados, el investigador destacó el comportamiento del silicio.

Los ensayos mostraron que al menos tres aplicaciones antes de la cosecha permitieron mejorar significativamente la firmeza del fruto, especialmente en las cosechas tardías, sin alterar el calibre ni la composición nutricional.

También presentó investigaciones con bacterias solubilizadoras de fósforo, como Pseudomonas fluorescens, capaces de liberar fósforo retenido en el suelo y favorecer simultáneamente la absorción de calcio por la planta.

De igual manera, expuso resultados obtenidos con lixiviados de humus de lombriz ricos en microorganismos benéficos, los cuales favorecieron el crecimiento de plantas establecidas en suelos afectados por problemas de alelopatía.

Estos ejemplos, explicó, evidencian que los bioestimulantes pueden convertirse en herramientas de alto valor siempre que exista evidencia científica que respalde su utilización.

Más investigación para una industria cada vez más competitiva

En la parte final de su conferencia, Hirzel formuló un llamado a fortalecer la investigación aplicada en la industria del arándano.

Consideró indispensable que las empresas obtentoras de nuevas variedades desarrollen estudios específicos de respuesta nutricional para cada genética y que estos trabajos sean realizados por universidades o centros de investigación con suficiente respaldo científico.

También recomendó que las empresas agrícolas construyan sus propios históricos nutricionales utilizando unidades productivas de alto rendimiento y excelente calidad de fruta, de manera que puedan tomar decisiones basadas en información generada bajo sus propias condiciones de cultivo.

Finalmente, exhortó a los productores a exigir evidencia científica antes de incorporar nuevos bioestimulantes a sus programas de manejo.

«Las recomendaciones deben estar respaldadas por investigación y validaciones agronómicas. Solo así podremos optimizar el manejo nutricional y aprovechar todo el potencial de las nuevas variedades de arándanos«, concluyó el investigador.

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Fuente
Blueberries Consulting

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