Geopolítica, comercio y cadenas de suministro:

China–Estados Unidos en 2026: comercio, tecnología y señales para el arándano

En el webinar realizado por la Fundación Chilena del Pacífico, se analizó el futuro de la relación entre China y Estados Unidos, desde los vínculos comerciales hasta la rivalidad geopolítica. El debate abordó implicancias directas para Chile y América Latina, con señales relevantes para sectores exportadores que dependen de reglas comerciales, logística y tecnología, incluido el arándano.

La relación entre China y Estados Unidos se proyecta hacia 2026 como una competencia estratégica intensa. Hay diplomacia activa para evitar una escalada, pero persisten tensiones en comercio, tecnología y seguridad. En la práctica, esta rivalidad no se expresa solo en declaraciones políticas: también se traduce en señales de mercado, decisiones de inversión, restricciones tecnológicas y ajustes a reglas comerciales que terminan impactando a terceros países.

Para Chile, este escenario no es únicamente un desafío diplomático. También puede influir en el clima de negocios y en el funcionamiento de las cadenas de suministro. En sectores exportadores —incluida la industria del arándano, donde acceso a mercados, logística y estabilidad regulatoria son determinantes— los cambios de tono entre potencias suelen sentirse como mayor incertidumbre y ajustes en costos y condiciones de operación.

En ese contexto, el 28 de enero de 2026 la Fundación Chilena del Pacífico realizó el webinar “Relaciones China – Estados Unidos: ¿Qué Debemos Esperar para el 2026?”, enfocado en analizar el futuro del vínculo entre las dos mayores potencias económicas del mundo y su impacto en Chile y América Latina.

El panel contó con Andrew Polk, cofundador y director de investigación económica en Trivium China; Robert Funk, profesor asociado de ciencias políticas en la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile y socio en Andes Risk Group; e Iacob Koch-Weser, director asociado de comercio e inversión global en Boston Consulting Group (BCG). La moderación estuvo a cargo de Loreto Leyton, directora ejecutiva de la Fundación Chilena del Pacífico.

Durante la conversación, Leyton subrayó que el incremento de la presencia de China en América Latina elevó el nivel de atención de Estados Unidos y que ambas potencias buscan expandir su influencia con estrategias propias. En esa línea, planteó que sigue pendiente un acuerdo marco que reduzca fricciones y entregue mayor previsibilidad, en un escenario donde países como Chile “se juegan muchísimo” en el desenlace.

El frente económico: comercio, presión y búsqueda de estabilidad

Uno de los puntos centrales fue que la economía continuará siendo el principal campo de disputa. Comercio e inversión operan como herramientas de influencia, pero también como ámbitos donde ambos actores tienen incentivos para evitar una disrupción total que afecte cadenas globales y mercados.

En ese marco, se abordó que podrían reaparecer medidas comerciales y presiones asociadas a sectores considerados estratégicos. Aun sin llegar a un quiebre, estas señales tienden a elevar la incertidumbre y afectan expectativas, decisiones de inversión y clima de negocios.

Para el comercio agroexportador, esa incertidumbre suele reflejarse en negociaciones más sensibles y en un entorno más volátil. En fruta fresca —y en arándanos, donde la competitividad se juega por ventana comercial, velocidad y cumplimiento— la previsibilidad de las condiciones de operación termina siendo parte del negocio. Cualquier variación en costos o tiempos impacta el resultado en destino.

El webinar situó esta discusión en el contexto de la expansión china en América Latina en años recientes —por comercio e inversión—, lo que ayuda a explicar el renovado foco de Estados Unidos sobre la región y el interés por reforzar su influencia. Además, el panel planteó que la competencia tecnológica se ha vuelto un eje estructural del vínculo bilateral, con efectos que pueden extenderse a estándares, infraestructura y ritmos de digitalización.

Tecnología e inteligencia artificial: un eje que cruza competitividad

Otro bloque abordó la competencia tecnológica como factor clave de la agenda 2026. Se discutió la inversión en inteligencia artificial (IA), las estrategias de autosuficiencia tecnológica y el peso creciente de las tecnologías críticas en seguridad y desarrollo económico.

Más allá del plano político, esta disputa se conecta con variables concretas: acceso a infraestructura tecnológica, disponibilidad de componentes, estándares y velocidad de adopción en industrias productivas. En sectores con alta exigencia logística, incorporar análisis de datos y automatización se vuelve parte de la ecuación de competitividad.

Para productores y exportadores, el punto también es práctico. La aceleración de la IA y los cambios en tecnologías críticas empujan a fortalecer herramientas de eficiencia: trazabilidad, control de calidad, planificación comercial y decisiones de postcosecha basadas en datos. En arándanos, donde consistencia y calidad definen competitividad, la digitalización tiende a ganar peso como ventaja operativa, especialmente cuando el entorno se vuelve más incierto.

Puntos de fricción: Taiwán, América Latina y sectores críticos

El panel revisó focos de tensión que pueden incidir en el escenario internacional. Se mencionó a Taiwán como un elemento sensible que podría aumentar la incertidumbre global; a América Latina como un espacio donde Estados Unidos busca contener la influencia china, con atención en ámbitos estratégicos; y a sectores críticos vinculados a cadenas de valor, como semiconductores, biotecnología y control de recursos relevantes para la industria.

Aunque estos temas parezcan lejanos al mundo productivo, suelen filtrarse hacia la economía real. Influyen en flujos de inversión, acceso a tecnologías, criterios regulatorios y decisiones comerciales. En la práctica, tecnologías críticas atraviesan sistemas que sostienen logística, monitoreo, automatización y servicios asociados al comercio internacional. Para fruta fresca, donde la cadena de frío es esencial, este tipo de tensiones puede traducirse en mayor variabilidad operativa y presión sobre costos.

Chile y el dilema del alineamiento: pragmatismo bajo presión

Desde la mirada política, Robert Funk planteó que este tipo de rivalidad entre potencias redefine el orden internacional y presiona a países medianos a equilibrar relaciones en un entorno más exigente. En ese marco, Chile enfrenta una tensión persistente: evitar alineamientos rígidos mientras gestiona expectativas desde ambos lados.

El análisis apuntó a que, en la práctica, países como Chile tenderán a tomar decisiones guiadas por oportunidades y condiciones concretas, sin que eso siempre coincida con los intereses de una u otra potencia. Esa estrategia, sin embargo, exige monitorear riesgos y anticipar escenarios en un contexto regional cada vez más observado.

Para el sector exportador, el 2026 podría requerir una mirada más estratégica del negocio, no solo por precios y demanda, sino por variables externas que pueden mover el tablero, como reglas comerciales, costos logísticos y disponibilidad de servicios críticos. En el caso del arándano, donde cada día de tránsito y cada condición en destino importan, anticipar escenarios y reforzar la planificación se vuelve parte del trabajo comercial y operativo.

Fuente
BlueBerries Consulting

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