Del estrés térmico a la calidad final: la fisiología que hoy define al arándano moderno
El negocio del arándano entró en una etapa en que la competitividad se construye desde la calidad. Sobre esa base se articularon las presentaciones de Amaya Atucha, especialista en producción de frutales y profesora de horticultura de la Universidad de Wisconsin–Madison, y Gerardo Núñez, profesor e investigador en fisiología y nutrición de berries de la Universidad de Florida, UF/IFAS, quienes ofrecieron una mirada complementaria del cultivo. Mientras Atucha profundizó en cómo el ambiente condiciona la respuesta fisiológica de la planta y del fruto, Núñez mostró cómo agua, carbono, fotosíntesis y nutrición se traducen en los atributos de calidad que hoy orientan la producción de arándanos.
Atucha puso el foco en la respuesta fisiológica del cultivo frente al frío y al calor, mientras Núñez conectó esa fisiología con los rasgos de calidad que hoy reconoce el mercado: dulzor, sabor, firmeza y calibre. Así, ambas exposiciones convergieron en una misma idea: la calidad final del arándano se construye a lo largo del desarrollo del fruto y depende de cómo la planta interactúa con su entorno.
El ambiente redefine el comportamiento fisiológico del cultivo
La fisiología del arándano ocupa hoy un lugar central en la discusión productiva. En la exposición de Amaya Atucha, uno de los mensajes más claros fue que la respuesta de la planta al ambiente cambia a lo largo del ciclo y condiciona tanto la adaptación del cultivo como su desempeño posterior. En el caso del frío, explicó que la resistencia se construye, se mantiene y luego se pierde durante el invierno, y que en arándano operan mecanismos como el superenfriamiento, que permiten evitar la formación de hielo en tejidos sensibles.
Más que una precisión académica, esta mirada ayuda a entender por qué el comportamiento varietal requiere una lectura fisiológica más fina. Como señaló Atucha, “entender el mecanismo es esencial”, porque solo desde esa comprensión es posible evaluar mejor las variedades y sus respuestas frente a condiciones ambientales distintas.

Amaya Atucha en XL Seminario Internacional Blueberries Chile 2026 © Blueberries Consulting
Frío, calor y adaptación: una planta más exigida
Uno de los aportes más interesantes de Atucha fue distinguir entre dormancia y resistencia al frío, dos procesos relacionados, pero no equivalentes. Esa diferencia permite entender por qué una misma variedad puede comportarse de manera distinta según la zona donde se cultive, y por qué la acumulación de horas frío, por sí sola, no siempre alcanza para interpretar correctamente la adaptación varietal. La investigadora explicó que ambos procesos interactúan y que el grado de resistencia al frío alcanzado por las yemas durante el invierno también influye en la brotación y en la lectura del comportamiento de los cultivares.
Esa mayor exigencia ambiental también se expresa frente al calor. En la presentación de Gerardo Núñez, la temperatura apareció como un factor que incide directamente en el funcionamiento fisiológico del sistema. Cuando las condiciones térmicas se alejan del rango óptimo, la fotosíntesis pierde eficiencia, la respiración aumenta y la planta dispone de menos carbono para crecimiento, maduración y calidad de fruta. Desde esa perspectiva, el ambiente define parte importante de la capacidad del cultivo para producir fruta competitiva.
La calidad del fruto comienza mucho antes de la cosecha
Núñez instaló la calidad como el gran eje del negocio actual del arándano. A partir de estudios de consumidores, explicó que el mercado busca fruta dulce, de sabor intenso, firme y de buen tamaño, y que esos atributos pueden leerse hoy con mayor precisión desde variables químicas, físicas y sensoriales. El dulzor se relaciona con la proporción entre sólidos solubles y acidez; el sabor intenso, con la composición de compuestos volátiles; y la firmeza y el calibre, con umbrales cada vez más relevantes para la experiencia del consumidor y para la competitividad comercial.
Atucha aportó una clave decisiva para entender cómo esa calidad empieza a construirse mucho antes de la cosecha. Explicó que el fruto de arándano, a diferencia de las hojas, transpira muy poco, se enfría con menor eficiencia y además presenta una capacidad más limitada para movilizar calcio hacia sus tejidos, una condición que influye en firmeza y tolerancia al calor. Esa base fisiológica ayuda a entender que la calidad final depende del modo en que el fruto se desarrolla y enfrenta el ambiente durante todo su crecimiento.

Amaya Atucha en la charla «Fisiología del estrés térmico: mecanismos de adaptación y estrategias de manejo en cultivos de Vaccinium» © Blueberries Consulting
Agua, carbono y metabolismo: las bases de la calidad
Uno de los puntos más sólidos de la exposición de Núñez fue mostrar que detrás de la calidad del arándano hay procesos fisiológicos decisivos. El agua, por ejemplo, cumple un papel fundamental en la expansión celular y, por tanto, en la construcción del calibre. A partir de ensayos sobre crecimiento de fruto y déficit hídrico, mostró que no todas las etapas responden igual a la falta de agua: hay momentos del desarrollo en que la restricción hídrica tiene poco efecto, y otros en que puede reducir de manera importante el peso y la calidad del fruto.
A eso se suma el carbono. Núñez explicó que el arándano es un sistema en el que este recurso debe administrarse con especial eficiencia, ya que sus hojas presentan tasas fotosintéticas relativamente bajas en comparación con otros frutales. Incluso el fruto joven participa en la fotosíntesis, una particularidad que conecta de manera directa el metabolismo del carbono con el crecimiento, la maduración y el sabor. En escenarios térmicos más exigentes, la planta opera con un margen fisiológico más ajustado, lo que repercute en crecimiento, maduración y calidad de fruta.
El calor no impacta igual en todas las etapas del fruto
La exposición de Atucha afinó además la mirada sobre el daño térmico en fruto. Según explicó, la susceptibilidad al calor cambia a medida que avanza el desarrollo. Los estados más tempranos pueden disipar mejor parte de la radiación, pero cuando el fruto entra en etapas más avanzadas de maduración, cambia su capacidad de mover agua, aumenta su temperatura y se incrementa su vulnerabilidad al daño.
En ese proceso, la cera natural del fruto aparece como un componente especialmente relevante. Su presencia ayuda a reflejar radiación y moderar la temperatura superficial, mientras que ciertas etapas intermedias de coloración, con menor protección y menor movimiento de agua, pueden transformarse en puntos críticos. En palabras de Atucha, los frutos “se calientan rápidamente”, una condición que ayuda a comprender por qué el calor influye en la firmeza, la condición y la calidad comercial de la fruta.
Visto desde la charla de Núñez, esta lectura conversa además con la dinámica de crecimiento del fruto: no todas las etapas tienen la misma demanda de agua ni el mismo ritmo de expansión celular, por lo que el impacto del ambiente tampoco se distribuye de manera uniforme a lo largo del ciclo.

Gerardo Nuñez en la charla «Bases fisiológicas del arándano moderno: Interacción Ambiente–Metabolismo–Calidad en sistemas de alta exigencia» © Blueberries Consulting
Comprender la fisiología para producir una fruta más competitiva
Tanto Atucha como Núñez coincidieron, desde entradas distintas, en una misma idea de fondo: la calidad del arándano se fortalece cuando la fisiología del cultivo se comprende con mayor profundidad. En el caso de Núñez, eso se tradujo en una hoja de ruta clara. Si hoy el mercado valora dulzor, sabor intenso, firmeza y tamaño, entonces la tarea productiva pasa por entender mejor cómo manejar agua, carbono y nutrición para orientar el cultivo hacia esos atributos.
Atucha llevó esa misma lógica hacia el manejo frente al calor, mostrando que herramientas como el enfriamiento evaporativo, las mallas o ciertos protectores adquieren mayor valor cuando se comprende primero por qué el fruto se calienta, cómo responde fisiológicamente y por qué algunas etapas resultan más sensibles que otras. Más que una suma de técnicas aisladas, ambas presentaciones reforzaron una idea central: producir fruta competitiva exige hoy leer la planta con más profundidad y conectar esa lectura con las demandas reales del mercado.
Las exposiciones de Amaya Atucha y Gerardo Núñez reforzaron que la calidad del arándano se construye a lo largo de procesos fisiológicos que comienzan mucho antes de la cosecha. En un escenario donde el mercado exige fruta más firme, más sabrosa y más consistente, comprender cómo interactúan ambiente, agua, carbono, metabolismo y desarrollo del fruto se vuelve una condición cada vez más decisiva para sostener competitividad.

XL Seminario Internacional Blueberries Chile 2026 © Blueberries Consulting
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