La industria del arándano peruana ante su segunda gran transformación

Del liderazgo en volumen, al desafío de sostener la demanda global y reordenar el modelo competitivo.

Los datos de campaña y el tono de los líderes gremiales indican que el arándano peruano ingresó en una etapa distinta. Ya no se trata solo de aumentar hectáreas, ganar rendimiento y sumar toneladas. El desafío central se desplaza hacia la gestión de un negocio global altamente sensible al tiempo, a la calidad, a la logística y cada vez más al comportamiento del consumidor. En términos simples, el problema dejó de ser “cómo producir más” y pasó a ser “cómo vender mejor y de manera sostenible”.

Luis Miguel Vegas, gerente general de Proarándanos, aporta un hilo estratégico: la industria no solo crece, sino que está intentando crecer de manera más “inteligente”; con curvas menos concentradas, más diversificación y con una agenda explícita de promoción internacional para expandir la demanda global.

Del “pico” a la “meseta”, la nueva curva peruana

Si hay una idea que esboza el gerente de Proarándanos, es que Perú está intentando dejar atrás la lógica de picos concentrados y moverse hacia una oferta más distribuida. Vegas habla de una “meseta productiva” de alrededor de ocho semanas, con volúmenes constantes de 19 a 20 millones de kilos semanales. La palabra “meseta” es más que un detalle técnico, significa que el país está construyendo una forma de presencia en mercado que reduce los daños de la sobreoferta puntual.

La lectura estratégica de esta meseta es doble. En primer lugar, disminuye la probabilidad de saturación en destinos principales, porque cuando un origen dominante entra con demasiada fuerza en pocas semanas, no solo presiona precios, también tensiona la logística interna del país destino (puertos, transporte, distribución, retail). En segundo lugar, la meseta suaviza la presión sobre la cadena peruana. Una curva menos abrupta reduce cuellos de botella en puertos, evita picos de demanda de mano de obra, permite planificar packing y trazabilidad con menos estrés operativo. En un negocio donde cada punto de firmeza y cada día de tránsito pueden definir el retorno, esta estabilidad empieza a ser un activo competitivo.

La promoción: el nuevo campo de batalla

Vegas habla de la promoción internacional como condición estructural, no como complemento. En su diagnóstico, la oferta seguirá creciendo y las nuevas siembras continuarán, por lo que “es indispensable asegurar que la demanda crezca al mismo ritmo”. Esa frase funciona como línea editorial para entender el momento del arándano global, porque la industria está entrando en un escenario donde el riesgo principal no es la falta de fruta, sino la posibilidad de que el consumo no crezca lo suficiente como para absorber el aumento.

El gerente general de Proarándanos lo aterriza con una comparación que suele incomodar al sector: “el consumo per cápita global de arándanos está lejos del de la fresa”. Para sostener el negocio, el desafío no es solo conquistar compradores nuevos, sino aumentar frecuencia de consumo en quienes ya compran.

En esa lógica, la participación peruana en programas de promoción como el US Highbush Blueberry Council se vuelve una herramienta de política sectorial. El arándano peruano, por su volumen, tiene capacidad de financiar y empujar consumo. Pero al mismo tiempo, esa promoción es un costo necesario para evitar que el negocio se autodevore. Si la producción crece más rápido que el consumo, el precio se convierte en variable de ajuste, y los márgenes se comprimen para todos.

Luis Miguel Vegas, gerente general de Proarándanos

El arándano como sistema global

Cuando una industria alcanza esta escala, deja de competir solo con otros países y empieza a competir consigo misma, con su propia capacidad de coordinar, de sostener calidad, de evitar saturaciones, de responder a cambios del mercado. Esa es la segunda transformación de la que se habla. Pasar del éxito cuantitativo a la consolidación cualitativa.

Perú ya ganó una batalla histórica, demostrando que un país puede construir en poco tiempo una industria exportadora de arándanos a escala global, con alta profesionalización y capacidad logística. Pero esa victoria abre la batalla más difícil, que es sostenerla, porque el liderazgo ya no se mide solo en toneladas, sino en la capacidad de construir demanda, mantener calidad, evitar saturaciones y administrar complejidad. El mercado global del arándano no se va a detener. La pregunta es quién será capaz de gobernar su propia expansión sin desordenarla, y Perú está en el centro de esa pregunta.

*Extracto de un análisis publicado en la nueva edición de Blue Magazine 2026

Fuente
BlueBerries Consulting

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