“Comprender la planta para enfrentar el cambio climático”, la propuesta de Jorge Retamales para la nueva agricultura del arándano
Durante años, el cambio climático fue abordado principalmente como un fenómeno ambiental asociado al aumento de la temperatura global. Sin embargo, para la industria del arándano, el verdadero desafío comienza mucho antes de que el termómetro marque un récord.
Así lo planteó el investigador y consultor internacional Jorge Retamales, quien durante el XLII Seminario Internacional Blueberries Trujillo 2026 presentó una de las exposiciones más completas del encuentro, proponiendo una mirada que trasciende la meteorología para situar el foco en la fisiología de la planta.
Retamales fue enfático en que la industria no puede hacerse la desentendida frente al cambio climático. “Hay un problema que tenemos que tratar de enfrentar”, afirmó.
Esa idea marcó el tono de una conferencia que combinó evidencia científica, estudios internacionales y resultados experimentales para explicar cómo el aumento de las temperaturas ya está modificando el crecimiento, la floración, la productividad y la calidad de los arándanos.
Un problema que supera a la agricultura
Antes de entrar en la fisiología del cultivo, Retamales situó el fenómeno dentro de un contexto más amplio.
“El verdadero desafío es que nosotros somos una civilización dependiente de los combustibles. Nuestra calidad de vida y nuestra productividad se basan en la combustión de grandes cantidades de carbono fósil”, señaló.
Desde su perspectiva, la agricultura enfrenta las consecuencias de un modelo energético global cuya transformación será lenta. “Hay mucho interés, pero poca decisión”, advirtió, al referirse a las dificultades para reducir las emisiones y al aumento sostenido de las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono.
Pero el problema no consiste únicamente en que el planeta sea más cálido. Para Retamales, el riesgo está también en la mayor frecuencia de episodios extremos.
“No solamente habrá una mayor temperatura promedio; también habrá un mayor número de días con temperaturas extremas”, explicó.
Y son precisamente esos eventos de calor intenso los que pueden comprometer con mayor fuerza el funcionamiento fisiológico del arándano.
El clima cambia mucho más que la temperatura
Retamales explicó que el cambio climático modifica simultáneamente múltiples variables ambientales. Aumentan las temperaturas medias, cambian los regímenes de lluvia, se altera la disponibilidad de agua, se incrementa la salinidad en algunos sistemas de riego y cambian los ciclos biológicos de insectos, enfermedades y microorganismos del suelo. Incluso los polinizadores pueden ver afectada su actividad.
Todo ello repercute directamente sobre el desarrollo del cultivo.
En Perú, recordó, los efectos de El Niño 2023 ya permitieron observar algunas de esas consecuencias, como menor calibre de fruta, reducción de la floración, maduración acelerada y una condición postcosecha más frágil.

Jorge Retamales Seminario Internacional Blueberries Trujillo 2026 © Blueberries Consulting
La fisiología explica la respuesta del cultivo
Uno de los aportes centrales de la conferencia fue explicar por qué el calor produce estos efectos. Retamales recordó que el crecimiento de una planta depende, entre otros factores, del equilibrio entre fotosíntesis y respiración.
La fotosíntesis permite generar los carbohidratos que sostienen el crecimiento y desarrollo de la planta. La respiración, en cambio, consume parte de esa energía para mantener su metabolismo. Cuando la temperatura aumenta, ese equilibrio se altera.
Según explicó Retamales, la fotosíntesis del arándano alcanza su mayor eficiencia en rangos moderados de temperatura, mientras que la respiración aumenta con el calor. En términos prácticos, la planta dispone de menos carbohidratos para crecer, sostener hojas activas y alimentar los frutos.
Ese desbalance ayuda a explicar parte de la reducción en crecimiento, rendimiento y calidad observada bajo condiciones de estrés térmico.
Cuando la planta deja de defenderse
La conferencia mostró que el arándano posee mecanismos naturales para enfrentar el calor. Produce ceras que reflejan parte de la radiación, modifica la orientación de sus hojas para reducir la exposición directa al sol y regula la apertura de los estomas para disminuir la pérdida de agua.
Sin embargo, esos mecanismos tienen un límite.
“Sobre los 38 grados Celsius la planta ya no es capaz de responder. La tasa de transpiración no alcanza para controlar la temperatura de la hoja y simplemente se daña”, señaló Retamales.
El investigador ilustró esta situación con imágenes obtenidas en Marruecos tras un episodio de calor extremo, donde plantas expuestas durante pocas horas a temperaturas superiores a 38 °C presentaron necrosis foliar y pérdida significativa de superficie fotosintética. Aunque posteriormente emitieron nuevos brotes, el daño fisiológico ya había comprometido parte importante de la campaña.
Las raíces también sufren
El efecto del calor no se limita a la parte aérea. La temperatura del suelo modifica el crecimiento radical, altera la arquitectura del sistema de raíces y afecta la absorción de agua y nutrientes. Además, reduce la producción de hormonas sintetizadas en la raíz, como citoquininas y giberelinas, fundamentales para el desarrollo vegetativo.
Retamales enfatizó que un sistema radical vigoroso constituye una de las principales herramientas para enfrentar el estrés climático.
“Cada aumento de temperatura reduce el tamaño del sistema radical, reduce su largo y reduce su vigor”, sostuvo.
Esa pérdida de raíces limita posteriormente la capacidad de la planta para absorber agua y regular su temperatura mediante la transpiración.

Jorge Retamales Seminario Internacional Blueberries Trujillo 2026 © Blueberries Consulting
La floración también cambia
Otro aspecto sensible corresponde al proceso reproductivo. La exposición a temperaturas superiores a 30 °C afecta directamente el crecimiento del tubo polínico.
“Sobre 30 grados Celsius el tubo polínico prácticamente deja de crecer”, explicó.
La consecuencia es directa: aunque exista polinización, el polen puede no alcanzar el ovario para completar la fecundación, reduciendo la formación de semillas y comprometiendo el desarrollo del fruto.
La calidad comienza mucho antes de la cosecha
Retamales también mostró cómo el estrés térmico repercute sobre la calidad comercial. La fruta expuesta al sol puede alcanzar temperaturas muy superiores a las del aire. Mientras una jornada puede registrar alrededor de 22 °C ambientales, los frutos expuestos directamente a la radiación pueden superar fácilmente los 34 o 35 °C.
Ese calentamiento afecta firmeza, tamaño, contenido de sólidos solubles y vida poscosecha.
Además, durante episodios de alta temperatura, la planta tiende a priorizar el crecimiento vegetativo por sobre el llenado de fruta.
“El agua y los carbohidratos van a los órganos vegetativos y no a los frutos”, señaló Retamales.
El resultado puede ser fruta más pequeña, deshidratada, con menor firmeza y menor potencial comercial.
La genética comienza a marcar diferencias
Una parte importante de la conferencia estuvo dedicada al papel del mejoramiento genético. Retamales explicó que las variedades de arbusto alto del sur, ampliamente utilizadas en Perú, presentan una mayor tolerancia al calor que las tradicionales variedades de arbusto alto del norte. Ello responde, en parte, a la incorporación de especies adaptadas naturalmente a ambientes cálidos dentro de los programas de mejoramiento.
“Desarrollar variedades adaptadas al calor ha sido un énfasis reciente en los programas de mejoramiento genético”, afirmó.
No obstante, recordó que aún existe mucho por comprender respecto de la composición genética de los nuevos materiales, cuya información permanece protegida por las empresas obtentoras.

Jorge Retamales Seminario Internacional Blueberries Trujillo 2026 © Blueberries Consulting
Adaptar el ambiente
Más allá de la genética, Retamales presentó diversas estrategias para reducir el impacto del estrés térmico. Entre ellas destacó el uso de mallas sombreadoras. Los ensayos demostraron que determinadas mallas permiten disminuir hasta tres grados la temperatura de las hojas y aumentar significativamente la productividad.
“Las mallas generaron mayor rendimiento, excepto la malla negra del 50 %. Ese aumento se produjo principalmente porque redujeron la caída de fruta”, explicó.
Los resultados mostraron incrementos de rendimiento cercanos al 60 % en algunos tratamientos, sin afectar sólidos solubles ni tamaño del fruto. También destacó el uso de mallas reflectantes para disminuir la temperatura del suelo y proteger el sistema radical.
El manejo también puede construir resiliencia
El investigador insistió en que la adaptación no depende exclusivamente de nuevas variedades o infraestructura. El manejo cotidiano del campo también desempeña un papel determinante.
La programación del riego, la conservación del oxígeno en la rizósfera, el uso de bioestimulantes, reguladores de crecimiento y microorganismos termotolerantes constituyen herramientas capaces de fortalecer la respuesta fisiológica de la planta.
En estudios realizados con bacterias adaptadas a altas temperaturas, la inoculación permitió aumentar el área foliar y mantener una mayor tasa fotosintética bajo condiciones de estrés.
La resiliencia nace de la integración
Hacia el final de la conferencia, Retamales resumió su propuesta en una idea central: la adaptación al cambio climático no depende de una única tecnología.
“Para manejar los efectos del cambio climático dependemos de la interacción entre la genética, el manejo y el ambiente”, sostuvo.
En ese equilibrio reside uno de los principales desafíos para la industria del arándano. Ya no bastará con producir más. Será indispensable comprender mejor cómo funciona la planta para anticiparse a un clima que cambia con rapidez y que exige sistemas productivos más resilientes.
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