El Niño Costero 2026: prueba de madurez para el arándano peruano
El anuncio de la Comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno “El Niño” (ENFEN), que mantiene la Alerta de El Niño Costero en desarrollo hasta noviembre de 2026, vuelve a instalar la incertidumbre en la industria frutícola peruana.
El fenómeno, que durante los próximos meses presentaría condiciones cálidas de magnitud débil con posibilidad de alcanzar intensidad moderada antes de julio, se proyecta además con lluvias superiores a lo normal en la costa norte y anomalías térmicas que podrían alcanzar hasta +3 °C en zonas costeras. Para el arándano, este escenario abre un nuevo capítulo de prueba técnica y resiliencia.
No es el mismo Niño… ni la misma industria
La memoria reciente ofrece referencias inevitables. El Niño 2023–2024, aunque de comportamiento irregular, tensionó calendarios productivos y puso en evidencia la vulnerabilidad de sistemas intensivos frente a lluvias atípicas y estrés térmico. Pero el contexto 2026 es diferente. Perú es el principal exportador mundial de arándanos frescos. Maneja volúmenes significativamente mayores, con genética de última generación y cadenas logísticas más complejas. La exposición es mayor, pero también lo es la capacidad técnica acumulada. La diferencia clave está en la madurez del sistema.
Lluvias y calor: el doble filo fisiológico
El pronóstico marzo–mayo 2026 anticipa lluvias superiores a lo normal en la costa norte, con probabilidad de episodios moderados a fuertes e incluso extremos. En paralelo, se prevén temperaturas por encima de los rangos normales, con anomalías térmicas que podrían alcanzar +3 °C en la costa.
La combinación no es menor. En arándanos, la interacción entre humedad ambiental y temperaturas elevadas altera procesos fisiológicos delicados, como diferenciación floral, firmeza celular, acumulación de sólidos solubles y comportamiento postcosecha.
Antes, muchas plantaciones aún trabajaban con genética menos firme y con menor tolerancia a estrés hídrico. Hoy, la reconversión varietal ha introducido cultivares más adaptables, con mayor vida de anaquel y arquitectura de planta más eficiente. Sin embargo, la intensificación productiva también implica sistemas radiculares más exigidos, alta densidad de plantación y dependencia de infraestructura de drenaje y control hídrico. El desafío no es solo agronómico, sino que sistémico.
Riesgo hidrológico y logística
ENFEN prevé además caudales superiores a lo normal en los ríos de la vertiente del Pacífico y mayor frecuencia de crecidas repentinas. En 2017 y 2024, los problemas de conectividad terrestre impactaron cadenas de suministro y retrasaron despachos. Hoy, con volúmenes exportables muy superiores y compromisos comerciales consolidados en Estados Unidos, Europa y Asia, cualquier disrupción logística tiene efecto amplificado. La diferencia es que la industria cuenta ahora con mayor diversificación portuaria, protocolos de contingencia y aprendizaje acumulado en gestión de crisis climáticas.
La competitividad peruana ya no depende solo del volumen producido, sino de la capacidad de sostener consistencia bajo condiciones adversas.
El factor clima como variable competitiva
Mientras Perú enfrenta un Niño Costero en desarrollo, competidores como Marruecos, México o Sudáfrica operan bajo dinámicas climáticas distintas. En Europa, el abastecimiento marroquí se beneficia de cercanía geográfica y menor exposición a eventos oceánicos del Pacífico. En Norteamérica, México enfrenta sus propios desafíos térmicos, pero con menor exposición a lluvias asociadas a El Niño costero peruano. China, por su parte, continúa expandiendo producción doméstica, reduciendo parcialmente su dependencia de importaciones en ciertos períodos.
En este escenario, el desempeño peruano bajo condiciones Niño no solo es un desafío interno; es un factor que puede reconfigurar dinámicas de precios y ventanas comerciales internacionales.

© Andina/Composición Infobae
La resiliencia como activo competitivo
Si algo ha caracterizado a la industria peruana del arándano es su capacidad de aprendizaje acelerado. Tras el Niño 2017 se fortalecieron sistemas de drenaje, monitoreo climático y planificación de riesgos. Tras los episodios 2023–2024 se profundizó la digitalización y la integración de datos climáticos en la toma de decisiones.
El comunicado de ENFEN recomienda seguimiento constante a avisos meteorológicos y escenarios de riesgo. Para el arándano, esto significa integrar pronósticos en tiempo real a decisiones de poda, nutrición, manejo fitosanitario y programación de cosecha.
La industria 2026 es más sofisticada que la de hace una década. Pero también está más expuesta al escrutinio de mercados que penalizan rápidamente cualquier deterioro de calidad.
Fenómeno conocido en un contexto nuevo
El Niño Costero 2026 no necesariamente anticipa una campaña negativa. Las proyecciones hablan mayoritariamente de condiciones cálidas de magnitud débil. Sin embargo, el aprendizaje histórico enseña que incluso eventos de intensidad moderada pueden tener impactos localizados significativos.
En ese sentido, más que un evento meteorológico, el Niño 2026 será una prueba de madurez industrial y la pregunta es qué tan preparado está el sistema completo – desde el campo hasta el puerto – para responder sin perder competitividad. Y en esa respuesta se juega no solo una campaña, sino la consolidación del liderazgo peruano en el mercado global del arándano.
Probablemente éste será tema recurrente en los distintos Paneles de conversación programados en el Seminario Internacional de Blueberries que se realizará en el Centro de Convenciones de Lima este 11 y 12 de marzo, y en el que estará presente no solo la industria peruana, sino que muchos actores internacionales de la industria y el mercado mundial del arándano.
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