La nueva etapa comercial del arándano en Ica exige más precisión y mejor coordinación
En el marco de Blueberry Convention Paracas 2026 se realizó el panel “Perú hacia adelante”, una conversación que reunió a Juan Valdivia, gerente de Operaciones Agrícolas Arándano en Danper; Juan Pablo Bentín, gerente de Producción de Family Farms Perú; José Luis Dibos, gerente general de Surexport Perú Berries; Luis Rodríguez, gerente de Operaciones de Hass Perú S.A.; y Rabi Hernán Vilela Ríos, Commercial Deputy Manager de Paracas Port. La discusión se centró en una pregunta que hoy atraviesa a la región: qué necesita Ica para sostener su crecimiento con rentabilidad, calidad y mayor capacidad de respuesta frente a un mercado cada vez más exigente.
A lo largo del panel, la conversación fue pasando de la estrategia varietal y la calidad de fruta a la eficiencia operativa, la infraestructura, la mano de obra y la logística. Más que volver sobre la idea de que Ica sigue expandiéndose, las intervenciones apuntaron a las condiciones que empiezan a ordenar esa nueva etapa y a los ajustes que productores y exportadores deberán afinar para sostener competitividad.
Calidad, genética y estrategia varietal
Una de las primeras ideas que apareció fue que el mercado hoy premia calidad y no solo volumen. Desde el panel se insistió en la necesidad de definir con claridad el potencial productivo, el objetivo de calidad por variedad y la estrategia comercial según cada mercado y cada ventana. “Este mercado está hecho basado en la calidad”, se señaló al inicio del bloque, junto con la idea de que existe espacio para abastecer distintos meses del año con fruta de buena calidad.
A partir de ahí, Juan Pablo Bentín llevó la conversación hacia la adaptabilidad. Señaló que Ica enfrenta un clima cambiante y que la tarea pasa por “sortear estos desafíos… no reactiva, sino anticipando los eventos”, con el fin de sostener productividad y calidad. También remarcó la importancia de tener bien estudiada la genética para que se adapte a las condiciones de cada operación y a las exigencias del mercado.
Visto desde el campo, esta lectura empuja a revisar mejor la elección de materiales y los criterios de manejo. Desde la exportación, refuerza la idea de que la consistencia comercial empieza mucho antes del embarque y depende de qué tan bien conversa cada variedad con la zona y con el destino al que se apunta.

Las “fugas” que erosionan rentabilidad
Uno de los pasajes más concretos del panel vino de José Luis Dibos, cuando llevó la discusión hacia las ineficiencias que muchas veces se normalizan dentro de la operación. Su planteamiento fue directo: además de buscar campos altamente productivos, las empresas deben corregir una serie de “fugas” que van drenando eficiencia y rentabilidad todos los días.
Entre esos puntos mencionó la cosecha fuera de tiempo, la fruta pasada o demasiado temprana, la fruta blanda, la calibración de equipos, el volumen de aplicación y la propia configuración del campo. Fue especialmente enfático al señalar que “hay que ser muy fino con el timing, con la frecuencia de la cosecha”, y que incluso “una hora, dos horas, tiene un impacto enorme en la vida de esa fruta” cuando se habla de enfriamiento rápido y condición de llegada.
Lo que apareció aquí fue una idea muy concreta para el negocio: buena parte de la rentabilidad no se pierde en grandes errores, sino en detalles operativos repetidos que terminan afectando condición, vida útil y retorno comercial. Para productores y exportadores, esa parte del panel bajó la competitividad a un terreno mucho más tangible.

Infraestructura y logística: una condición para seguir creciendo
La conversación también mostró que la competitividad de Ica no depende solo del huerto. Luis Rodríguez puso el foco en la infraestructura regional y fue categórico al afirmar que “es muy vital la infraestructura”. Su intervención apuntó a carreteras, tiempos de traslado y dificultades que terminan afectando el ingreso del personal, el movimiento de insumos y la salida de fruta.
A esa escala regional se sumó luego la mirada del puerto. Rabi Hernán Vilela Ríos explicó que Paracas ha venido fortaleciendo su rol como facilitador logístico y sostuvo que “hoy el puerto no solamente es un puerto, es un centro logístico prácticamente”. Detalló además que el terminal ha integrado stock de contenedores y coordinación con navieras en un mismo punto, con la intención de reducir movimientos innecesarios y tiempos de espera. A eso sumó el anuncio de una nueva etapa de ampliación en infraestructura y equipamiento prevista para 2027.
Ambas intervenciones empujaron la misma idea desde ángulos distintos: la ventaja productiva necesita una cadena logística que la acompañe. Para los exportadores, esto se traduce en tiempos, coordinación y capacidad de respuesta. Para los productores, en la constatación de que parte del valor de lo que se produce también se juega fuera del campo.

Mano de obra: un frente cada vez más sensible
La gestión de personas apareció como otro de los ejes relevantes del panel. José Luis Dibos fue explícito al afirmar que el reclutamiento y la retención de personal “deja de ser un problema operativo y tiene un tema estratégico”. En su intervención habló de campos productivos, modelos de pago más inteligentes, reducción del desgaste logístico del trabajador y formación de mejores líderes de cuadrilla.
También apareció otro punto sensible: cuando falla la proyección de fruta, se desordena el transporte, el requerimiento de personal y la cosecha, y con ello suben los costos. Esa observación ayudó a mostrar que la mano de obra no puede pensarse aislada del resto del sistema productivo.
En Ica, la competitividad empieza a depender cada vez más de cómo se organiza y se conduce a los equipos. Para el productor, eso implica liderazgo, planificación y productividad. Para el exportador, supone una condición básica para sostener continuidad y consistencia comercial

Mercados más cambiantes, decisiones más finas
Hacia el final, la conversación volvió al mercado. Dibos insistió en la necesidad de trabajar con socios estratégicos en destino y de ajustar la estrategia varietal a lo que pide cada cliente y cada plaza. Explicó que algunas variedades funcionan mejor en China, otras en Europa o Estados Unidos, y resumió esa dinámica con una frase muy gráfica: “los mercados son cambiantes y tienes que estar ahí”.
Ese punto terminó de amarrar la mirada comercial del panel. Para los productores, significa que variedad y calidad objetivo no pueden definirse de espaldas al mercado. Para los exportadores, confirma que la competitividad futura dependerá tanto de la eficiencia en origen como de una lectura mucho más precisa de cada destino.

Crecer mejor
La discusión en Paracas mostró que la expansión por sí sola ya no alcanza. Lo que empieza a definir la posición de Ica es la capacidad de conectar calidad, operación, logística y mercado con mayor precisión.
Ahí estuvo el eje más interesante del panel. No en volver a contar cuánto crece la región, sino en poner sobre la mesa qué tipo de coordinación necesitarán productores y exportadores para sostener ese crecimiento en una industria cada vez más exigente.
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